En una tienda online nunca se compra el objeto: se compra una imagen en una pantalla, y se decide en una fracción de segundo si merece que reduzcas la marcha. El problema es que ese rectángulo juzga tu trabajo por señales que no tienen nada que ver con la calidad de tu creación. La luz, el fondo, la ausencia de desorden, que el objeto exista dentro de un decorado en lugar de estar dejado sobre la encimera: eso es lo que pesa. Estos diagnósticos te enseñan a leer lo que cada publicación cuesta de verdad: los scrolls que no se detienen, los me gusta que nunca se vuelven pedidos, el feed que se olvida de una semana a otra. Leer primero, corregir después, y descubrir que el fallo casi siempre está en la presentación, nunca en el producto.